Respuestas y actitudes ante lo que otros han creado    

Cuando un autor crea su obra, puede saber qué mensaje quiere transmitir a la audiencia, pero no sabe cómo va a reaccionar ésta ante su creación, ni que tipo de relación va a establecer el usuario y la obra. Como vemos, se crea una situación cuya complejidad invita a la reflexión. ¿Qué papel adopta el espectador ante una obra? La actitud activa del espectador, ¿supone un conflicto con el respeto a los derechos de autor? En la siguiente figura se muestran tres actitudes que el espectador activo puede adoptar ante una creación científica, literaria, artística.

La cultura no se crea de elementos muertos, se enriquece con la comprensión activa y la extraposición del que comprende en el tiempo.

Bakthin

En la misma línea que la cita de este autor, la estética de la recepción, defiende el papel activo del espectador en cualquier obra de arte, entendiendo que la obra no se completa hasta que no ha sido interpretada por el espectador.

Cuando un diseñador de videojuegos crea su obra, la deja abierta. Casi podríamos decir que está inacabada ya que hasta que el usuario en casa no interactúa con el medio y construye su partida, no se materializa su creación.

Las creaciones tradicionales del arte visual (pintura, escultura, etc.), situaban a un lado el objeto y en el otro al espectador. Las nuevas obras están superando estas limitacio­nes tratando de modificar la relación obra-espectador, requiriéndole a éste una participación más activa y provocando respuestas inmediatas que pueden, incluso, alterar la sucesión de imágenes que visualiza el espectador.

¿Cuándo un espectador es pasivo o activo?

Las creaciones interactivas específicas para la red han modificado algunas manifestaciones de los conceptos de autor, obra y usuario. Estos conceptos, con el paso del tiempo han ido evolucionando igual que las creaciones, ya se ofrecen productos, experiencias. Unas obras parece que simplemente se disfrutan (una novela, al ser leida) mientras otras son más dinámicas (un videojuego).

Observemos la imagen de estos niños mirando la obra de arte, ¿qué está ocurriendo? ¿son espectadores activos o pasivos?

Un espectador pasivo es quien recibe información que no vislumbra como conocimiento ni mucho menos lo trasciende como experiencia significativa para él y su entorno.

Un espectador activo es aquel que recibe un conocimiento y lo trasciende hasta convertirlo en una experiencia significativa para él y su contexto.

Seguramente ante esta situación encontremos espectadores de ambos tipos e incluso mixtos (una parte les gusta y otra no). Habrá niños, como el que vemos en la imagen con la mano levantada, que les resulte significativa esta obra y quieran participar transmitiendo sus aportaciones. Sin embargo, habrá otros, para los cuales esta obra no les aporte nada y posiblemente estén pendientes de otra que les resulte más próxima a su contexto. En este caso, estamos ante una obra de arte, pero lo mismo podría ocurrir ante una pantalla de ordenador donde se está ejecutando un software, que para un usuario resulta muy útil y quiere aprenderlo y otro sin embargo no le encuentra ninguna utilidad.

El hecho de que un espectador sea activo o pasivo ante el medio, no depende tanto de éste sino del interés que el espectador tenga por la obra

Esta perspecticva, nos permite destacar las nuevas relaciones entre estos dos elementos obra-espectador, que van desde la simple contemplación hasta el "espectador-obra", pasando por el "espectador-estimulado", el "espectador-activado", el "espectador-intérprete", etc. Las nuevas creaciones y el uso de medios digitales permiten este proceso de modificación de los papeles de la obra y del espectador. Hacer vivir la participación activa de una obra es quizás más impor­tante que la contemplación pasiva y puede desarrollar en el público sus condiciones creativas naturales.

El espectador se identifica con la obra

Fijándonos en el teatro, por ejemplo, un espectador puede acudir a una representación y ver a tal o cual personaje. Si ese mismo espectador lee la pieza y se identifica con el personaje imaginándoselo, ¿no ha construido en su mente, incluso desde el punto de vista físico, al personaje? ¿Por eso, no sería también autor?

En este caso, ese espectador que ha leído previamente la obra, ha imaginado en su mente al personaje atribuyéndole unos rasgos físicos, un tipo de ropa e incluso el tono de la voz y sus gestos. Ha creado su propia imagen sobre ese personaje. Pero, ¿dónde está plasmada su creación? Esta situación ocurre muy a menudo en la mente de las personas. A diario construimos representaciones sobre lo que hemos leido, lo que nos han contado o incluso hemos visto y tratamos de recordar centrándonos en lo que más nos ha llamado la atención. Pero estas ideas se quedan en eso, simplemente ideas, no se ponen en ningún soporte físico para que otros las puedan contemplar. Se trata de un ejemplo de espectador activo que pese a su recreación mental, no por ello se convierte en autor. Los derechos de autor siguen perteneciendo a su creador original y el espectador-creador los respeta en todo momento y disfruta de la creación ajena.

El espectador como parte de la obra

A menudo nos situamos ante creaciones que no toman sentido si el espectador no interactúa con ellas. Nos estamos refiriendo a esas producciones en las que es necesario que un usuario las maneje para que la obra se pueda desarrollar. En este caso, el usuario no crea nada nuevo, simplemente toma una obra que podríamos definir como inacabada y la ejecuta para que ésta tome un significado.

Pensemos en un programa de ordenador o un videojuego. Cuando una persona enciende su ordenador y aparece en su pantalla el escritorio de windows, esa obra se ha ejecutado gracias al usuario que lo ha permitido y ha interaccionado con el programa. Basándose en unos parámetros que ha puesto su creador en soporte informático, el usuario se encarga de “darles vida”. En este sentido, cada vez que se enciende el ordenador la ruta y pantallas que se van abriendo en el monitor son cada vez diferentes en función del uso que le estemos dando.

El autor o equipo de creación de este tipo de productos interactivos deben concebirlo como una obra abierta que podrá ser abordada siguiendo distintos recorridos. El espectador se convierte en usuario y lo ejecuta para que la obra tome sentido tal y como tenía pensado su autor. En este caso los derechos de autor siguen perteneciendo al creador del software y el usuario los respetará siempre y cuando haga un uso legítimo de esa obra.

El espectador se inspira en la obra

A diario portales como YouTube reciben millones de creaciones originales cuyos autores se han inspirado en producciones ya existentes. La creatividad del usuario de una obra ajena reside en emplear diferentes modos de expresión para modificarla o para originar una obra nueva distinta. Se trata de obras derivadas tal y como se explica en el apartado titulado “Qué es una obra original” cuyo autor se basa en otra, que sin perjuicio de los derechos de autor de la citada obra preexistente, es también objeto de propiedad intelectual.

En el portal de Youtube (http://es.youtube.com/watch?v=x202YkhKE4o&feature=related)  encontramos el vídeo de esta representación teatral basada en la película de Billy Elliot. En este sentido los espectadores de la película se inspiraron en las ideas originales del autor para montar una representación teatral. Para ello adaptaron diálogos, decorados, vestuario,… dando lugar a una nueva obra.

En esta línea de inspiración a partir de obras originales para su posterior modificación, Internet plantea cuestionamientos al concepto de ‘originalidad’, como los que han generado ciertas versiones de net.art y vemos en la imagen (http://encina.pntic.mec.es/jarv0000/artenet.htm). Estas creaciones no sólo permiten ver un cuadro, oír una melodía o leer un texto literario sino transformarlos, ser al tiempo espectador y co-creador. El ciberespacio en algunos casos, permite participar en una creación estética colectiva abierta a todo aquel que tiene acceso, en la que no sólo la dicotomía autor-productor sino también la de autor-público parecen difuminarse.

La situación de espectador-autor plantea ciertos problemas con referencia a lo que se entiende por Derechos de autor. Puesto que conceptos como ‘autor’, ‘originalidad’ o ‘integridad de la obra’ dependen de una clara diferenciación entre autores y público. De ahí la importancia de educar en el respeto, desde la escuela. Para ello, sentirse autor de una creación, ayuda en ese proceso de reflexión y diálogo con el que comenzábamos este tema, a entender cuál es el valor de las creaciones y por qué las debemos respetar.

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